La Generación del Bicentenario: esperanza y ejemplo de las luchas del futuro

Por: Marco Fernández

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar
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CANTARES – ANTONIO MACHADO

     Las luchas milenarias de nuestra patria nos enseñaron que, en tiempos de penumbra, surgen los héroes, como destellos de esperanza que iluminan el camino engullido por la oscuridad. Jóvenes, alegres, repletos de sueños e ideales, armados únicamente con pancartas y la firmeza de sus voces;  jóvenes como Inti Sotelo y Jack Pintado, mártires de la democracia, cuyos sacrificios coronaron la gesta del 14 de noviembre.
      Hoy, las calles celebran la caída del dictador Manuel Merino, el lamento de las cacerolas se eleva hacia el cielo limpio, bañadas por el sol candente que abraza la ciudad, como si tratase de borrar la noche triste del último sábado. Pero, que no osen engañarnos. Ahora, más que nunca, debemos tener claro que Merino no renunció: lo sacamos. Basta recordar estos seis días en la Plaza San Martín, bastión de la resistencia del pueblo, las pistas maltrechas del centro de Lima soportando esa avalancha humana que respondió al llamado de la patria; desde los balcones, aquellos a los que esta pandemia les impidió sumarse a la ola del Bicentenario chancaron las ollas, aplaudieron hasta enrojecerse las palmas y ayudaron a levantar a ese Perú dormido por 200 años.  Estoy seguro que la capital jamás vio en su historia lucha más noble y a los hijos de la patria sublevarse contra la opresión que cargan sobre sus lomos.
     El precio que pagamos ha sido alto, tan alto que ninguna marcha hará justicia a las vidas de Inti y Jack, asesinados por la represión dictatorial del Gobierno de Manuel Merino. Ellos no volverán a su hogar, no continuarán luchando por el país que soñaban: ahora son sillas vacías alrededor de sus mesas, fotografías iluminadas con la débil luz de una velita misionera, una oración, pero el más sublime recuerdo en los corazones de sus padres y de los que lloramos sus muertes; solo nos consuela verlos convertidos en los héroes de las próximas generaciones.

    La represión policial del 14 de noviembre es un hecho que jamás olvidaremos, aunque el polvo de muchos siglos corra sobre nuestras tumbas. No olvidaremos las detonaciones, los perdigones que acabaron con Jack e Inti, a los ternas infiltrados en las manifestaciones, las bombas lacrimógenas lanzadas a mansalva, la plaza gaseada, los helicópteros que surcaron el cielo limeño. La bien llamada “Generación del Bicentenario”, tantas veces marginada y ninguneada, escribió un capítulo glorioso en la historia de nuestra nación, que las voces del futuro cantarán no solo en el Perú, sino en toda Latinoamérica.
     Sabemos bien que las batallas en esta parte del continente han inspirado entrañables piezas musicales y literarias. Ahí tenemos el tema El ángel de la bicicleta, composición de Luis Gurevich e interpretada por el argentino León Gieco, en homenaje al rosarino y militante social Claudio Pocho Lepratti, quien fue asesinado por la policía de Santa Fe en el 2001, durante protestas sociales. El estribillo de la canción se compone de las últimas palabras de Lepratti, quien asistía a niños en un comedor de un barrio popular de Rosario:
 

“Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo”

     El pueblo argentino, el cual hasta hoy llora a los desaparecidos de la dictadura (cuyas abuelas y madres continúan reclamándolos todos los jueves en la Plaza de Mayo) es el espejo en el que debemos mirarnos en adelante: hay 41 desaparecidos que son intensamente buscados por sus familias. A estar atentos, pues la policía y el Gobierno deberán responder por sus destinos.
    En medio de esta alegría, nos toca reafirmar nuestras convicciones de lucha. Esto no se trató de Vizcarra o de cualquier rostro político: esta fue una batalla democrática, que trascendió las urnas hacia las calles. Nuestros esfuerzos deben apuntar hacia la instauración de la Asamblea Constituyente, al surgimiento de una nueva Constitución que borre los errores (y horrores) de la carta del 93.
La caída del régimen de Manuel Merino es solo el comienzo de esta batalla, la refundación de la patria será la coronación de esta gesta y el premio al sacrificio de Jack e Inti, y de todos aquellos que lucharon en las calles del país, en clara defensa de sus derechos.
    Y una bofetada a la indiferencia de muchos que, hasta el momento, continúan observando la realidad desde la comodidad de sus castillos.


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